jueves, 9 de octubre de 2014

PUTUMAYO: LA VORÁGINE DE LAS CAUCHERÍAS

El pasado 23 de septiembre el Centro Nacional de la Memoria Histórica me invitó a la presentación de los dos tomos, que componen el informe sobre la muerte de más de 30.000 indígenas, a manos de las empresas caucheras,  acaecida en la zona del Putumayo colombiano. El informe lleva el título Putumayo: la vorágine de las caucherías, seguramente en honor de la célebre novela de José Eustaquio Rivera, titulada La Vorágine, que describe los desmanes y las tropelías de los empresarios caucheros en esa zona. Esta masacre está considerada la más importante entre las comunidades indígenas, después de las perpetradas por los españoles y los portugueses durante la colonia. 


Mesa presidencial de la presentación del informe
 
Para entender ese proceso hay que hacer mención a la Casa Arana, principal empresa cauchera, propiedad del empresario peruano Julio Cesar Arana. La fiebre del caucho de finales del siglo XIX se había extendido hasta el alto  amazonas, estableciendo barracones, depósitos o colonias en las riberas del río Putumayo.
 
Esta  zona era ya conocida por Julio Cesar Arana que había sido un buhonero a lo largo de los ríos durante la década de los 90. Había llegado a la ciudad de  Iquitos, que la hizo el centro de todas las operaciones, como vendedor de sombreros Panamá.
 
Inicialmente se asocia a caucheros locales para después por diferentes métodos desprenderse de ellos, quedándose con las Estaciones- La Chorrera y El Encanto - y explotar el caucho prácticamente en régimen de monopolio. El suministro de mercancías y de víveres con excesivos recargos, la formación de sociedades, la compra del caucho a bajos precios, la amenaza, la persecución, el asesinato y el secuestro de indios, fueron los sistemas utilizados por la casa Arana, para desembarazarse de los empresarios colombianos y consolidar su dominio sobre el territorio del Putumayo.
 
La labor a la cual fueron destinados los indios consistía en internarse en la selva y con sus cuchillos rayar los arboles del caucho que encontraban,  para extraer hasta la ultima gota de leche. El sistema impuesto era que las ganancias de los Jefes de Sección dependían directamente de las cantidades  de caucho entregadas por los indios. Esto provocó la instauración de un sistema de terror, obligando a los indios a recolectarlo en grandes cantidades. El método para hacer rentable el sistema consistía en infligir tormentos en presencia de sus familiares y frente a los miembros de su misma tribu. Los indígenas esclavizados por la casa Arana fueron los pertenecientes a las etnias  Uitoto, Muinane, Ocaina y los Bora.
 
El terror se implantaba mediante un ejercito de 400 indígenas jóvenes, llamados los muchachos, que armados  con fusiles y  adiestrados para ejercer de vigilantes, ejercían el terror entre sus paisanos. Estos fueron reforzados también por el reclutamiento de colonos traídos de la colonia inglesa de Barbados. Los muchachos tenían la ventaja sobre los colonos foráneos de conocer las lenguas, los hábitos y las costumbre de sus compatriotas. 
Los " muchachos" y los colonos barbadenses


Los escarmientos más usuales fueron la aplicación del látigo, el aprisionamiento  en cepos, el encadenamiento en lugares visibles, el semiahogamiento frente a los familiares, la violación de mujeres en presencia del  marido y los hijos, la mutilación de partes del cuerpo, la exposición de victimas desnudas atadas y colgadas de las manos, el lanzamiento   a las corrientes de los ríos de indígenas atados de pies y manos, la incineración con keroseno de indígenas vivos y el fusilamiento. Estas sanciones fueron aplicadas indiscriminadamente a hombres, mujeres y niños.
 
Las atrocidades cometidas por la casa Arana empezaron a ser denunciadas por la prensa local de Iquitos – los diarios La Sanción y La Felpa - los cuales objetaban severamente las practicas de la empresa, que ya se había convertido en la compañía británica la  Peruvian Amazon Rubber Company.
 
 


Esta circunstancia de que fuera una empresa inglesa la causante de semejantes tropelías, incluidas la contratación de  súbditos británicos de la colonia  de Barbados, obligados a reprimir a los indígenas recolectores del caucho, dio lugar al famoso reportaje sobre el Putumayo, elaborado por Sir Roger Casement,  Consul General del Gobierno Británico en Río de Janeiro y entregado al Secretario de Asuntos Exteriores en 1911, en Londres.
El informe de Roger Casement y algunos artículos publicados en la prensa inglesa propiciaron una discusión en el Parlamento inglés que precipitó el fin de la empresa. Casement calificó a los agentes de la empresa Arana como hombres asesinos y torturadores de profesión, cuyas fortunas crecían en la medida de sus crímenes. Estos hombres se hallaban provisionados del armamento necesario para reducir a los indígenas a una obediencia basada en el terror, que puso en sus manos a tribus enteras a las que tenía gran interés en aterrorizar.
El Centro Nacional de Memoria Histórica, ha estado trabajando en un proyecto que busca rescatar las antiguas oficinas de la compañía cauchera en La Chorrera, para convertirla en un lugar de memoria.
Los espacios, las casas y edificios son recintos que albergan cosas y gente, pero albergan también recuerdos y significados.  Por eso se ha escogido precisamente la Casa Arana como la sede de una casa de pensamiento, un lugar en el que los mismos indígenas, usando sus propias investigaciones y sus propias técnicas narrativas, preserven la memoria de su genocidio.
 
Antigua estación cauchera de la Chorrera, futuro Centro de la Memoria
Los detalles de cómo se organizará la casa se están decidiendo todavía. Lo que se sabe es que el nuevo lugar vaciará la casa de su significado terrible. Como juzgándola por dentro, la Casa Arana, donde vivían y trabajan los victimarios, se convertirá en un espacio en el que las comunidades v explotadas puedan reunirse a contar su historia.
El proyecto, el primero de su clase en Colombia, abrirá sus puertas en 2015. 


NOTA: Los dos interesantes tomos sobre Putumayo: La Vorágine de las Caucherías, están disponible en la Web del Centro Nacional de la Memoria. Recogen la transcripción de cantidad de informes sobre la explotación del caucho en el Putumayo.

 



 
 
 






 
 
 










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